En cuanto a Cindy McCain, es sabido su odio hacia los medios. Su rencor hacia la letra impresa y los cortes televisivos data de la campaña del 2000 cuando el bulo de que John McCain había engendrado una hija bastarda con una mujer negra hundió sus aspiraciones presidenciales, después de haber ganado a George W. Bush en New Hampshire.
La diferencia de edad entre Cindy y John y el hecho de que este estuviera casado en un principio, hizo que la pareja mantuviera su relación a escondidas durante un año. McCain acabó divorciándose para casarse con Cindy, única hija de un magnate cervecero, cuyos contactos familiares en Arizona convirtieron a John en senador de ese Estado.
Ella se esforzó para encajar en Washinton, pero la clase conservadora de entonces no la aceptó. Su carácter inestable y sus depresiones son conocidos por todo el mundo. Después de varios abortos, la pareja tuvo tres hijos.
Otro de los episodios negros de la vida de Cindy fue su adicción a unos calmantes opiáceos que le recetaron después de una cirugía de espalda. Llegó a tomarse hasta 20 diarios sin que nadie lo supiera en tres años, robándolos de la fundación de voluntarios médicos que había creado para zonas de desastre. Al descubrirlo, el director de Asuntos Internacionaes avisó a sus padres, que la ingresaron en un centro de desintoxicación. Lo primero que hizo a su vuela fue despedirlo.
Cindy ha comentado alguna vez que le gustaría continuar la obra filantrópica de Diana de Gales.
Con su sonrisa perfecta, sus tallas ideales, después de 53 años y tres hijos, Cindy despierta pocas simpatías entre los americanos que buscan mujeres reales. Los humoristas televisivos americanos bromean con la cantidad de botox que lleva en su cara, cada vez más inexpresiva.
Al contrario que Michelle, la esposa del candidato republicano, pues, no ejerce la política. Aunque su marido diga que ella sería mejor candidata que él, rara vez se le ha visto celebrar mítines en solitario. Concede pocas entrevistas y no le gusta demasiado viajar constantemente por el país.
Si McCain gana las elecciones, probablemente Cindy se mantenga en un segundo plano, con una actuación parecida a la de su antecesora Laura Bush, y no tanto a Hilary Clinton.
Michelle Obama, por su parte, no es la típica primera dama a la que todos estamos acostumbrados. És una mujer con ideas propias, que no se limita a acompañar a su marido. Ejemplo de éste carácter lo ha demostrado asumiendo un notable protagonismo durante la campaña electoral de Barack.
Madre y ejecutiva, lleva las riendas de su casa y ayuda a mantener los pies en el suelo a su marido. Le recuerda sus obligaciones como padre y marido. Muestra de esto es que el candidato, aún estar en campaña, se ha tomado los domingos libres y ha tenido gestos como el del viernes pasado, en que acudió a Chicago para estar con sus hijas en la noche de Halloween.
Es decidida, elocuente, con madera de líder, y sin pelos en la lengua para exponer sus ideas entre la multitud. Sabe conectar con grandes audiencias, en mítines en los que no utiliza papeles, dirigiéndose al público de forma cercana, “como madre, profesional y ciudadana”. Ella se ha encargado, en algunas ocasiones, de adaptar el discurso de su marido a la realidad cotidiana, con un lenguaje mucho más sencillo y comprensivo por la masa popular americana.
El Congreso Demócrata de Denver fue una magnífica oportunidad para demostrar que realmente valía para el papel de primera dama. Y lo hizo con creces, como estrella inaugural.
A lo largo de la campaña, ha sido duramente criticada por la oposición, que la describe como una mujer radical y con problemas de patriotismo. Esto último a raíz de sus palabras cuando dijo “por primera vez en mi vida adulta siento orgullo de ser norteamericana”. También se la ha criticado por hablar en público de los defectos de su marido, del que dijo que no bajaba la basura, roncaba y tenía mal aliento por las mañanas. Una estrategia más para acercarse al americano de a pie.
Para contrarrestar estas críticas y mejorar su imagen. Michelle ha participado en programas de televisión como “The View” y en revistas como “People” y “Ebony”.
Ahora falta ver si al pueblo americano le gustan las mujeres con ideas propias o si, por lo contrario, prefieren una primera dama a la sombra de su marido, sin opinión alguna.
Aquí adjunto un par de vídeos que ayudan a conocer un poco mejor las dos candidatas a primera dama de EE.UU.


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