El pasado 20 de enero fuimos testigos de un acontecimiento histórico a nivel mundial, la toma de poder del nuevo presidente de los Estados Unidos Barack Hussein Obama. El presidente número 44 de la historia del país norteamericano y el primer negro que jura este cargo en el Capitolio de Washington. En el mismo lugar, y con la misma Biblia que Abraham Lincoln en 1961, Obama juró lealtad con la mano izquierda encima del libro sagrado que sostenía su mujer, Michelle. En anécdota quedó el pequeño fallo del presidente del Tribunal Supremo, John G. Roberts quien, atacado por los nervios supongo, se equivocó en la fórmula del juramento e hizo dudar por un instante a Obama.
Otra anécdota. El senador Robert Kennedy tuvo que ser trasladado al hospital por unas convulsiones causadas, seguramente, por el tumor cerebral que padece desde hace meses.
Washington se convirtió por un día en la meca americana, congregando a más de dos millones de personas en el Mall (de solo 4 kilómetros de longitud), el parque que comunica el Capitolio con el monumento de Lincoln. La seguridad fue uno de los puntos clave del acto, con más de 42.000 agentes de seguridad, 7.500 soldados, 10.000 efectivos de la Guerdia Nacional y 25.000 policías de las fuerzas locales y federales. Seguridad a lo grande, como todo lo americano.
Se habían prohibido las pancartas, pero pudimos ver una pasarela de camisetas, gorras, bufandas, guantes, chalecos, banderines y otros complementos con Obama y la bandera americana como tema central. Al terminar el juramento de Obama, la gente enloqueció: abrazos entre desconocidos, lloros, risas, saltos, gritos…los siete grados bajo cero no afectaron a los obamistas allí reunidos.
Y a continuación…el primer discurso de Obama como presidente. Cientos de miles de personas en todo el mundo le estaban observando en ese mismo instante. Fueron veinte minutos de discurso. 1200 segundos que Obama aprovechó para ser realista y alejarse del camino fácil de la esperanza (tan mencionada “hope”) y la emotividad, de sus discursos en campaña. Obama habló de la crisis, de la futura política exterior americana, de la diversidad existente en USA…habló de “verdades” y de las “irresponsabilidades” que se habían cometido hasta el momento.
El discurso completo de Obama traducido aquí.
Acto seguido, como si de un festival de música de tratara, multitud de cantantes actuaron para Obama, y para los millones de personas que asistían al acto: Aretha Franklin (impresionante, como siempre), Shakira, Steve Wonder…
Destacar la ceremonia posterior, con el primer baile de la pareja de la Casa Blanca, Barack y Michelle. Con la voz incomparable de la republicana Beyoncé cantando At Last (Por fín), la pareja bailó mientras se susurraban palabras al oído. Sin duda, un final de película para una historia que no he hecho más que empezar. El tiempo dirá, pero de momento…God bless Barack Obama.